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lunes, 26 de octubre de 2015

Rima VII - Gustavo Adolfo Bécquer

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!”
“-¡Ay! -pensé-, ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda”!


Romance de la luna, luna (Romancero Gitano) - García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando. 



jueves, 22 de octubre de 2015

Rima XXI - Gustavo Adolfo Bécquer

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

"Canción del pirata" de José de Espronceda

  Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,                 5
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

  La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,               10
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,          15
y allá a su frente Stambul:

  «Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza                  20
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

  Veinte presas
hemos hecho
a despecho                               25
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.                              30

  Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
                                         
  Allá muevan feroz guerra               35
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.              40

  Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de  esplendor,
que no sienta                            45
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

  Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,            50
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

  A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene                  55
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

  En las presas
yo divido
lo cogido                                60
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.                               65

  Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

  ¡Sentenciado estoy a muerte!           70
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.                75

  Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo                           80
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

  Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,              85
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

  Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor                   90
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

  Y del trueno
al son violento,                         95
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado                                100
por el mar.

  Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.»                105

"La casada infiel" de García Lorca

Y que yo me la llevé al río 
creyendo que era mozuela, 
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago 
y casi por compromiso. 
Se apagaron los faroles 
y se encendieron los grillos. 
En las últimas esquinas 
toqué sus pechos dormidos, 
y se me abrieron de pronto 
como ramos de jacintos. 
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído, 
como una pieza de seda 
rasgada por diez cuchillos. 
Sin luz de plata en sus copas 
los árboles han crecido, 
y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río. 



Pasadas las zarzamoras, 
los juncos y los espinos, 
bajo su mata de pelo 
hice un hoyo sobre el limo. 
Yo me quité la corbata. 
Ella se quitó el vestido. 
Yo el cinturón con revólver. 
Ella sus cuatro corpiños. 
Ni nardos ni caracolas 
tienen el cutis tan fino, 
ni los cristales con luna 
relumbran con ese brillo. 
Sus muslos se me escapaban 
como peces sorprendidos, 
la mitad llenos de lumbre, 
la mitad llenos de frío. 
Aquella noche corrí 
el mejor de los caminos, 
montado en potra de nácar 
sin bridas y sin estribos. 
No quiero decir, por hombre, 
las cosas que ella me dijo. 
La luz del entendimiento 
me hace ser muy comedido. 
Sucia de besos y arena 
yo me la llevé del río. 
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios. 

Me porté como quien soy. 
Como un gitano legítimo. 
Le regalé un costurero 
grande de raso pajizo, 
y no quise enamorarme 
porque teniendo marido 
me dijo que era mozuela 
cuando la llevaba al río
.

lunes, 19 de octubre de 2015

"A la gracia", de Rafael Alberti

A ti, divina, corporal, preciosa,
por quien el aura impereceptible orea
el suspendido seno de recrea
la prefección tranquila de la rosa.
.
.
A ti, huidiza, resvalada, airosa,
caricia virginal, sal que aletea
y ante la mano en vuelo delinea
tu fugitiva, rubia espalda, diosa.
.
.
A ti, fino relámpago, destello,
sonrisa más delgada que el cabello,
burladora, inefable travesura.
.
.
La gracia de tu gracia es resistirte,
correr, volar, asirte, desasirte.
A ti, yo no sé qué de la Pintura.



viernes, 16 de octubre de 2015

"Monólogo de Segismundo" de Calderón de la Barca

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


jueves, 15 de octubre de 2015

"Tras un amorosao lance" de San Juan de la Cruz

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: "No habrá quien alcance".
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.



"Sin querer, ha sido sin querer..." (2005) de Jesús Gutiérrez

Casi no te conozco y te pienso,
sé poco de ti mas te intuyo tanto
que el miedo se asoma en el horizonte
sin saber definirse por completo,
como la tormenta que se presiente
antes incluso de llorar su primera gota de lluvia.
Deseo que el tiempo pase veloz
para que luego se detenga a mi antojo
cuando yo se lo ordene.
Todo lo quiero y a nada puedo aspirar,
tan sólo a tu compañía,
a la dulzura de tu voz,
a la suavidad de tu presencia,
a la tristeza de tus ojos
que, sin querer, intentas ocultar
mas que acaba delatándote.
Ni tan siquiera te puedo hacer partícipe
de lo que empiezo a sentir sin saber ponerle nombre,
aún....
Sólo quiero que llegue el momento de estar cerca de ti,
 de escucharte sin prisas o apenas de guardar silencio,
de perderme en tu calma,
y de soñar lo irrealizable, lo imposible,
sin que duela, sin pedirte nada, sin que lo sepas.
Oír tu sonrisa cuando el dolor se olvida de ti y de mí,
compartir tus cosas, tus penas, tu vida,
en absoluto mutismo, sin que sepas nunca lo que quiero
y que no puedes ni debes darme,
protegiéndote como la niña que jamás has dejado de ser.
Ha ocurrido sin querer, sin provocarlo,
                          como ocurre casi todo lo en la vida.
Y, aun así, quién sabe si no eres uno más
de mis espejismos, una más de mis mentiras...
Por eso esperaré, esperaré hasta que los fantasmas
que antaño fueran compañeros de viaje
dejen de jugar con mis sentimientos,
 y mis carencias

sean menores y no te necesite para que las acalles.


martes, 13 de octubre de 2015

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? - Lope de Vega

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno obscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de mis plantas puras!

Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!» 

¡Y cuánta hermosura soberana:
"mañana le abriremos"  respondía
para lo mismo responder mañana!



sábado, 10 de octubre de 2015

"Romance sonámbulo" de García Lorca

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

              *
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

              *
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

              *
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

              *
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

              *
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.



martes, 6 de octubre de 2015

"Metástasis" de Jesús Gutiérrez

¿Cómo curar la esencia de uno mismo,
Enferma terminal en el tiempo perdida?
¿Cómo hacerlo cuando el cáncer más agresivo
Ha usurpado su lugar y te arranca la vida
En silencio, entre sollozos,
Y, gangrenada,
No se reconoce a sí misma?
¿Cómo, si sus garras todo lo abarcan
Sin que nada parezca quedar ya de ella
Sino un leve recuerdo amargo en su ausencia?
¿Cómo aliviar el dolor
Que a sus anchas hace y deshace,
Sin responder a receta alguna?
¿Cómo volver a la risa espontánea,
A los sueños veraces,
Al amor de uno mismo?
¿Qué hacer tras perder el sentido del ser
Para apenas buscar el tener
Como tabla de salvación?

Me pregunto…


"Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío" de Miguel Hernández

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.



viernes, 2 de octubre de 2015

"Quién muere" de Pablo Neruda

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las "ies" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones de los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos.
Muere mentalmente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.



Imaginando...

Casi de repente, sin apenas percibirte;
te metes en mi vida, en mi ser,
en lo más profundo de mí,
encontrando en ti mi reflejo,
la comprensión que nunca sentí,
el entendimiento de dos almas,
que sin tan siquiera saberlo,
vagan, aisladas de todo,
en busca de la una la otra,
descubriendo que el par perfecto existe,
que nada es como nos dicen,
que la distancia no existe,
que el amor no tiene fronteras,
que la edad no es sino un número que,
en vez de alejarnos, nos acerca,
que la verdad recompensa,
y el dolor, poco a poco, se va.
Que no hay ya soledad,
porque sé que existes tú,
que eres el sueño real,
de lo que siempre esperé.

Te pienso cuando te hablo,
Cuando duermo te sueño,
Cuando despierto te tengo,
Y en mi deambular por el día.
en silencio grito tu nombre.

Te amo por lo que eres,
por lo que siempre mostraste,
por tu dulzura infinita,
por tu vergüenza de niña.
Mi niña de largos cabellos
y de mirar escondido,
tras tus cristales de vidrio,
que intentan disimular
que por mí bebes el mar,
si ello fuera preciso,
y mientras te veo en silencio
adivino casi todo  lo que fuiste,
has sido y serás.

A ti te entrego quien soy,
por tu bondad verdadera,
que, sin habérselo propuesto,
de la mía se ha hecho dueña.
Por ti me alejo de todo y de todos,
queriendo perderme en tu cuerpo,
en el amor de tu alma,
en tu dulzura de nena,
en tus sueños más hermosos.

En ti de la verdad me hago señor,
de tus manos bebo el agua
que ha de saciar mi boca sedienta,
que por no tener, no tiene ni recuerdos.

Quiero tus besos, mi vida,
besos interminables, de ternura,
húmedos de amor con miel,
largos, muy largos, mi vida,
para volver a acordarme,
que en los besos soy de nuevo,
quien se perdió sin querer.

En ti quiero despertar,
con el sabor de tu piel.
tus manos sintiendo las mías,
tus ojos mirando mis ojos,
tu cuerpo buscando mi cuerpo,
sin importarnos el tiempo,
Ni la gente, ni el pasado.
tan sólo tú y yo entregados,
al placer de amarnos y amarnos.

Eres tú, mi dulce amor,
lo que siempre he procurado,
y Dios, en su enorme grandeza,
como manantial de agua fresca,
en pleno desierto ocre y yermo,
a mi lado te ha dispuesto.

Eres tú, mi vida,
mi tierno amor verdadero,
por quien, sin tener nada,
hasta mi alma daría,
sin tan siquiera pedirla.
Eres tú, eres tú, eres tú,
quien mi corazón anhelaba.


viernes, 4 de septiembre de 2015

He andado muchos caminos...

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,

Antonio Machado (1875 - 1939)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
 
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres ,
esas...¡no volverán!
 
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.
 
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!
 
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará.
 
Pero mudo, absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así... no te querrán!

Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)

martes, 25 de agosto de 2015

20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada - Poema 15

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 

Parece que los ojos se te hubieran volado 

y parece que un beso te cerrara la boca. 

Como todas las cosas están llenas de mi alma 

emerges de las cosas, llena del alma mía. 

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 

y te pareces a la palabra melancolía; 
Me gustas cuando callas y estás como distante. 
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. 
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: 
déjame que me calle con el silencio tuyo. 
Déjame que te hable también con tu silencio 
claro como una lámpara, simple como un anillo. 
Eres como la noche, callada y constelada. 
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. 
Me gustas cuando callas porque estás como ausente. 
Distante y dolorosa como si hubieras muerto. 
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. 
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.



(Pablo Neruda)